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Fundación 1º de Mayo // 9 de julio de 2025

No me digas lo que tiene, pero sí dime cómo me protejo

Las principales enfermedades de mayor incidencia, que sufren las trabajadoras de residencias para personas mayores, derivadas de la exposición a agentes biológicos son respiratorias (como gripe y neumonía), infecciones del tracto urinario, infecciones de piel y tejidos blandos, e infecciones gastrointestinales, también brotes de sarna y en menor medida enfermedades como la hepatitis y el sida.

Para prevenir las enfermedades infectocontagiosas, que pueden afectar tanto al personal de la residencia como a la platilla trabajadora, es necesario hacer una gestión preventiva del riesgo biológico adecuada, que aplique lo establecido en el Real Decreto 664/1997, de 12 de mayo, sobre la protección de los trabajadores y las trabajadoras contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos durante el trabajo. Cuando esta no sea posible y para evitar los contagios, es importante adoptar las medidas necesarias desde el momento que se conoce la existencia de un caso.

"El mayor problema que nos encontramos en las empresas es cuando entran residentes con este tipo de enfermedades y no se lo dicen a las trabajadoras, en muchas residencias ha habido gente con hepatitis y la gente se ha enterado dos años después: anda la virgen, estuve con unas prisas se me calló y no me puse los guantes, estuve en contacto con su sangre y al final es un riesgo increíble, el ir a la carrera es el mayor riesgo que tenemos".

Las trabajadoras de residencias de ancianos desempeñan un papel fundamental en el cuidado y bienestar de nuestros mayores, su labor implica una interacción constante y cercana. Conocer sus enfermedades, especialmente aquellas de carácter contagioso, es vital para que las trabajadoras puedan implementar las medidas de protección adecuadas. Esto incluye el uso correcto de equipos de protección personal, la desinfección específica y la prevención de brotes que puedan afectar tanto a otras personas como al personal y a sus propias familias. La falta de esta información las expone a riesgos innecesarios.

Esta es una de las cuestiones tratadas en la entrevista grupal de responsables del sector, desarrollada dentro del proyecto AS2024-0019 “Trabajadoras de cuidados en residencias para personas mayores. El riesgo biológico existe” celebrada el 18 de junio de 2025.

"Te encuentras con residencias que o no saben actuar o no quieren actuar o lo normalizan, estas situaciones preocupan bastante, depende de la residencia, del Servicio de prevención, de las trabajadoras, te encuentras que al cabo de una semana las trabajadoras se enteran de que el residente tiene una hepatitis y mientras tanto ¿cómo estamos haciendo para prevenir más contagios?, si no lo sabemos".

Es cierto que la información de salud es altamente sensible y está protegida por normativas. Sin embargo, esto no contradice el derecho de las trabajadoras a conocer lo necesario para desempeñar su labor de forma segura y eficaz.

Las residencias tienen la obligación de proporcionar al personal la información relevante sobre la salud de las personas residentes. Esta comunicación debe realizarse bajo un estricto principio de confidencialidad y necesidad de saber. Es decir, solo se debe compartir la información indispensable para el desarrollo de las tareas, y las trabajadoras deben comprometerse a mantener dicha información en secreto.

¿Sería insensato y peligroso que las trabajadoras no tuvieran esta información, ya que pondría en riesgo la salud tanto de las personas mayores como del propio personal?


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